«Como igual que siempre, no he cambiado mis hábitos, y aun así subo de peso» es una queja frecuente en consulta. Cuando se descartan otras causas hormonales, el sueño de mala calidad —y en particular la apnea del sueño— es un factor que se investiga poco y que puede explicar buena parte del cuadro.
El sueño fragmentado altera las hormonas del apetito
Dormir mal, aunque sea por horas suficientes pero de mala calidad, altera el equilibrio entre la leptina (hormona de la saciedad) y la grelina (hormona del hambre). El resultado es más apetito, especialmente por alimentos altos en calorías, y menos sensación de saciedad.
Un círculo que se retroalimenta
El exceso de peso favorece la apnea del sueño porque el tejido adicional alrededor del cuello y la vía aérea facilita su colapso durante el sueño. Y la apnea del sueño, a su vez, dificulta bajar de peso por las alteraciones hormonales que genera. Es un círculo que rara vez se rompe solo con dieta y ejercicio si la apnea no se trata.
Señales de que el sueño puede estar detrás del aumento de peso
Si además de subir de peso sin causa clara usted ronca, se despierta cansado, o tiene somnolencia durante el día, estas señales en conjunto apuntan a que el sueño merece evaluarse como parte del problema, no solo la alimentación.
Tratar la apnea puede destrabar el proceso
Muchos pacientes que inician tratamiento con CPAP notan que, además de dormir mejor, les resulta más fácil controlar el apetito y mantener un plan de alimentación. No es una solución mágica para el peso, pero puede ser la pieza que faltaba.