Muchas personas que ya superaron la infección por COVID-19 notan que, semanas o incluso meses después, siguen cansándose con actividades que antes no les costaban. Este fenómeno es real y tiene un nombre: COVID persistente o «long COVID».
Por qué puede quedar falta de aire después de la infección
Las causas varían de persona a persona: puede haber inflamación residual en la vía aérea, desacondicionamiento físico tras un período de reposo prolongado, o en una proporción menor de casos, cierto grado de compromiso pulmonar residual.
No todos los casos tienen la misma causa
Diferenciar entre descondicionamiento físico, secuela pulmonar real, o incluso compromiso cardíaco asociado, requiere evaluación médica: no se puede asumir cuál es la causa solo por cómo se siente.
Señales que merecen una evaluación más profunda
Si la falta de aire empeora en lugar de mejorar con el paso de las semanas, se acompaña de dolor en el pecho, palpitaciones, o limita cada vez más sus actividades, esto debe evaluarse sin esperar más tiempo.
Qué hacer
Si la fatiga o la falta de aire persisten varias semanas después del COVID, una evaluación respiratoria —que puede incluir una espirometría— ayuda a entender si hay compromiso pulmonar real o si forma parte de una recuperación que, aunque lenta, sigue su curso esperado.